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Facultad de Ingeniería
¿Qué diablos es eso?
La primera sensación que causa la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires (FIUBA), en su sede de Recoleta, es terror. Algunos otros, en menos cantidad, la confunden con una iglesia.
Aunque muchos piensen que el terror pueda deberse a que su interior se encuentra repleto de ingenieros que concurren a la misma, esto no es así (al menos, carecemos de pruebas suficientes). Se debe, fundamentalmente, a la apariencia de su fachada exterior, digna morada de algún personaje fantástico y malvado, que encuentra su explicación en su peculiar historia, plagada de mitos y leyendas.
Las versiones son encontradas. La versión oficial asegura que el proyecto fue concebido para el funcionamiento de la Facultad de Derecho (cosa que efectivamente ocurrió durante algunos años) y que la obra fue suspendida (el edificio permanece inconcluso hasta el día de hoy y, posiblemente, para siempre) debido a cuestiones estrictamente económicas.
Las versiones no oficiales son muchas y comienzan desde el propósito de su construcción.
Muchos aseguran que el proyecto original era realmente una iglesia, pero que final y misteriosamente, el propósito del edificio fue cambiado; el sentido común de la pregunta “¿Por qué construir una Facultad de Derecho laica con apariencia de iglesia?” es un sustento bastante poderoso; la aclaración oficial (“la única construcción neogótica monumental de carácter no religioso de la Ciudad de Buenos Aires”) oscurece las cosas aun más.
Se asegura, además, que la obra fue inconclusa debido a, vaya paradoja, errores de cálculo en el proyecto de la estructura del edificio, que podrían provocar el derrumbe del edificio si la obra intentara finalizarse. En esta línea, se asegura que el realizador del proyecto, el ingeniero Arturo Prins, se suicidó por este motivo. Finalmente, existe una serie de mitos y leyendas menores, discutidas por los mismos alumnos de la facultad, que van desde los personajes que concurren a ella hasta el inexplicable emoticón ☺ gigante inscripto en lo alto de una de las paredes exteriores del edificio.
¿Pero qué ocurre en su interior? Esta vieja estructura es una de las tres sedes (la segunda en tamaño e importancia) que posee la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires. En la sede de Recoleta, se dictan las materias de los departamentos de Ingeniería Económica e Ingeniería Civil y allí se centralizan las actividades de los futuros ingenieros industriales y civiles, a veces menospreciados por los estudiantes de otras ingenierías.
Una vez que uno ha juntado el valor de cruzar, desde enfrente y luego de dudarlo varias veces, a la vereda de la FIUBA y, con más valentía aún, de ingresar al edificio, la sensación de terror se convierte en solemnidad. Es como estar en una catedral. Techos, puertas y vidrios altísimos, destacándose los vitreaux con imágenes de balanzas y espadas, que hacen alusión a la justicia.
Lo más extraño de todo esto es ver y vivir cómo un edificio de estas características funciona como sede de una facultad de ingeniería, con cientos de alumnos transitando sus enormes y laberínticas escaleras. Durante el día la facultad permanece bastante despoblada y tiene un mayor movimiento hacia la tarde-noche, con la llegada de los estudiantes desde sus trabajos.
¿Por qué alguien debería conocer este lugar?
No hay grandes razones, aunque siempre es más interesante este edificio y lo que representa que el 99% de las manzanas restantes de Buenos Aires.
Para aquellas que buscan un esposo con una buena (aunque no espectacular) perspectiva económica, parece ser un lugar excelente. Por supuesto, una elección de este tipo tiene sus grandes (grandísimos, aseguran algunas) riesgos.
La FIUBA fue una de las más facultades de ingeniería más reconocidas a nivel mundial durante la época de oro de la educación argentina. Si bien, como el resto de la educación argentina, actualmente se haya en retroceso, aun puede percibirse (y más aún en su sede principal de Paseo Colón, en San Telmo) ese espíritu de grandeza.
Experimentar la apertura de la Universidad Pública argentina puede ser otra buena razón. Cualquier persona puede entrar en cualquier momento, aun en funcionamiento, recorrerla toda, entrar en cualquiera de las clases, hacerle preguntas al profesor, discutir acaloradamente sobre estrategias para construir un puente, comer en su humilde comedor, leer un libro de su biblioteca, interrogar al representante estudiantil, usar sus baños, etc. Esto vale para todas las dependencias de la Universidad de Buenos Aires (UBA).
Es importante destacar el uso de sus baños. Junto a los locales de Mc Donalds, las dependencias de la UBA se han convertido en los últimos recursos de baño público. Aunque parezca un dato frívolo y baladí, el lector, tarde o temprano, me lo agradecerá.
La sede Recoleta de la FIUBA posee dos pequeños museos en su planta baja (Museo de Ciencia y Técnica) y en el segundo piso, donde se exhiben piezas de interés para la ingeniería en general y de interés para la ingeniería civil, respectivamente. Si esto no lo motiva y ya está allí, al menos puede leer (y escribir) el libro de visitas, donde la gente que ha acudido cuenta su experiencia.
Sería ideal que el libro de visitas estuviese expuesto en la Web, con las apreciaciones personales de las personas que lo han visitado, en un sitio como este quizás. Esto aun no existe, por lo que propongo al lector que ha llegado hasta aquí, que comencemos su construcción en los comentarios a este escrito.